Martes 1 de diciembre 2015
Hay dos guardias de seguridad en la casa donde estoy, de
hecho uno está ante mi puerta, llevan armas, rifle y pistola cada uno, están para
nuestra seguridad. Lo más gracioso es que se han presentado diciéndonos que
están para nuestra seguridad y así no nos asustemos de verlos, ellos no son el
peligro y quieren que lo sepamos. Eso me hace pensar que sería igualmente fácil
que se hubieran presentado otros dos que no son seguridad y estuviéramos
entonces en problemas, grandes problemas.
Hace 4 días entraron dos con machetes en la casa en la que
duermo, al parecer si hubieran venido a robar no traerían machetes, porque no
se puede robar a dos manos con un machete. Así que buscaban algo mas... matar,
desahogarse, violencia gratuita…venganza… porque imaginan que puedan ser
hombres que hayan crecido aquí. ¿De qué manera han vivido para querer dañar a
la gente que vive donde han crecido, que ha pasado aquí, como habrá sido esto?…
ya paso antes, ya hubo muertes y palizas.
Estar en la terraza fumando y charlando uno se siente
increíblemente expuesto, cada vez que hay un ruido paramos de hablar hasta que
confirmamos que son los perros o una lechuza que ulula, solo son las 6 y media
de la tarde pero la oscuridad esconde peligros y no son fruto de la imaginación.
Veía luces allá en la montaña y pensaba en gente esperando a que nos fuéramos a
dormir, si las luces se movían era gente subiendo en la montaña, e intentaba no
pensar en eso… porque no hay caso, no serviría para nada, igualmente ¿qué
podríamos hacer?…en breve vienen los de seguridad con sus armas.
Una compañera me contaba del incidente del sábado, de los
disparos de los de seguridad y del silencio de después, que era casi más
aterrador ¿habrían matado a los de seguridad?
Luego oyó otros tres disparos y se tranquilizó, -están vivos todo va
bien- y pudor dormir, esa tranquilidad ante algo que no debería ser normal es
lo que más asusta, ¿desde cuando nos acostumbramos a semejante nivel de
violencia?
Mientras hablaba sentada en la mecedora (que lujo mecedora,
cigarrillo y libro), imaginaba que si disparan desde el monte, en un segundo
puedo estar muerta, pero no…no lo harán desde lejos porque entonces pondría a
los guardias sobre aviso, no tiene sentido, y así calmaba mis pensamientos y
continuaba presente en la conversación. Aunque realmente, con esta violencia,
nada tiene sentido.
Desde el autobús hacia aquí, las miradas de la gente eran
increíblemente amargas, hastiadas, están hartos, todo ha ido más que más allá.
Hace sólo 6 días en un pueblo cercano ha sufrido… no sé como
calificarlo…han bajado un montón de gente de la montaña a violar, durante dos
días, han violado, han hecho que hijos violen a sus madres y padres a sus
hijas, ¿cómo no van a tener ese rencor en los ojos? ¿Ese odio palpable, ese
deseo de venganza y de justicia violenta? Te acostumbras a la violencia. Vieron
como enfrente del hospital secuestraban a uno que iba caminando a golpe de
pistola, ¿Qué haces? Nada, no puedes hacer nada, te matarían y lo secuestrarían
igual. Así que no miras directamente y te lamentas de que el mundo es así, ¡que
mierda! Y te enfocas en tu día con esa profunda tristeza de falta de esperanza
y ese asco de no haber hecho nada aunque sabes que no podías hacer nada.
Y sin embargo hay gente con esperanza y es lo que es más
irreal, porque es incluso más difícil de entender en estas circunstancias, la
amabilidad, la compasión, la ayuda al desconocido sin esperar nada a cambio, la
empatía universal por los problemas pequeños. Y yo me pregunto ¿cómo es que a
la gente aún le queda corazón para dar? Y sin embargo les queda y es tan grande
que es lo que me hace llorar. Lloro de alegría y de pena porque sean capaces de
coexistir en este mundo y a veces en la misma persona esa absurda magnitud de
amor y odio. Y también porque es triste que normalice lo malo y sea lo bueno lo
que siempre me sorprenda. Y siempre lo encuentro donde menos lo espero y mi
cinismo defensivo se evapora, porque si ellos pueden ¿quién no puede? Y yo
quiero poder, yo quiero un mundo mejor y yo soy parte.